Por:
Luis Eduardo Forero Medina
Hace seis años La Agencia Nacional
de Vigilancia Sanitaria (ANVISA) de Brasil, organismo regulador autónomo del gobierno de Brasil.,
viene discutiendo un sistema de etiquetado frontal
que alerte sobre el contenido excesivo de azúcar, grasas saturadas, sodio y/o
la presencia de grasas trans en productos procesados y ultra-procesados.
Los dos modelos principales en discusión, el de advertencia y el de
semáforo, han sido objeto de sondeos públicos entre la sociedad en general, consumidores,
ciudadanos/as, especialistas en comunicación, nutrición y marketing, ONGs y
demás organismos, extendidos hasta finales del año pasado cuando la población tuvo
oportunidad para presentar
sugerencias sobre etiquetado de alimentos. A mediados de febrero de este año
ANVISA abrió una consulta pública para comentarios y sugerencias del público,
proponiendo una Instrucción Normativa que establece los límites máximos
tolerados (LMT) de contaminantes arsénico inorgánico, cadmio total, plomo total
y estaño inorgánico en los alimentos.
Brasil
parece decidirse por un sistema en el que se indica en la cara principal del
envase, visible al consumidor si un producto es "ALTO" en azúcar,
sodio y/o grasas; aumentando de esta manera las posibilidades de que la
población consuma alimentos saludables y pueda conocer el contenido nutricional
de los alimentos.
El Estado brasileño se ha comprometido en numerosos
instrumentos internacionales a contribuir a cumplimentar adecuadamente con sus
obligaciones en relación al derecho humano a la salud y a la alimentación
adecuada. Los compromisos de Brasil, que buscaba alcanzar para 2019, fueron los
de detener el crecimiento de las tasas de obesidad en adultos (que en la actualidad
están alrededor del 20,8%); reducir al menos un 30% el consumo de bebidas
azucaradas entre los adultos y aumentar al menos un 17,8% la proporción de
adultos que come regularmente frutas y vegetales.
De
acuerdo a datos del Ministerio de Salud del Brasil, la prevalencia de la
obesidad en este país aumentó en un 60% en diez años, pasando del 11,8% en 2006
al 18,9% en 2016.
“El
etiquetado actual de los alimentos, dificulta la comprensión y el acceso a
información valiosa, que debiera estar presente en las decisiones de consumo de
los brasileños”, indicó Fundeps, la Fundación para el desarrollo de Políticas Sustentables.
@luforero4

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